Sydney, cálida y cosmopolita
Según muchos turistas, la primera impresión que produce Sydney (ver hoteles en Sydney) al llegar es la de una ciudad muy agradable para vivir; tiene más de 340 días de sol al año, una bahía muy hermosa, playas extraordinarias cerca de la ciudad, bosques y parques por todas partes, y a pesar de tener 4 millones de habitantes, no es una ciudad ruidosa ni sucia. Sydney es la capital de Nueva Gales del Sur, la ciudad más grande y más antigua de Australia, establecida por los primeros colonos en 1788. Los transportes públicos son muy limpios, seguros, eficientes y relativamente económicos. Cuenta con una red de buses, ferries, metros, trenes, monorail, e incluso taxis acuáticos, que facilitan moverse por la ciudad en cualquier día y hora. Además tienen oficinas de turismo muy completas donde se pueden encontrar todos los folletos necesarios para disfrutar de los incontables atractivos de la ciudad sin perderse.

NYE in Sydney, Australia por *vlad*
Para moverse por la ciudad, lo más rápido es el metro, pero se disfrutan mucho más los lentos ferries que navegan por la bahía. Desde Miltons Point, situado en la bahía norte, se tiene una de las mejores vistas de Sydney, con el Harbour Bridge en primer plano, y la Opera al fondo. Luego es recomendable cruzar el puente caminando y subir a la torre Sur, desde donde la vista sobre toda la ciudad es espectacular.

Sydney Panorama por Christopher Chan
El puente de la bahía fue un hito de la ingeniería cuando se inauguró en 1932, y hoy sigue siendo el puente más largo del mundo de un sólo arco. Al final del puente se llega a The Rocks, el barrio que alberga la zona más antigua de la ciudad. Pasando la Opera, otra de las extraordinarias vistas es desde los Reales Jardines Botánicos, que nos llevan en un paseo delicioso hasta Macquaries Point. Caminando desde The Rocks, pasamos por Circular Quay, punto de encuentro de ferries, buses y trenes. Ya en la Opera House uno no puede quedarse más que boquiabierto con la osada arquitectura que su diseñador, un arquitecto finlandés, plasmó como si el edificio fuera un barco con las velas desplegadas y a punto de zarpar. Toda una delicia para la vista.
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