Islas al sol
Existen dos clases de islas en la Oceanía propiamente dicha: continentales y volcánicas. Las primeras constituyen las mayores: Salomón, Nueva Guinea, Bismarck y Nueva Caledonia. Aunque algunas tienen volcánes, no nacieron debido a su actividad. Sus rocas más antiguas revelan que, en algun momento, formaron parte del sureste de Asia y Australia.
El resto, islas o atolones bajos, se componen casi por entero de productos de la erupción volcánica. Tienen forma de cono o configuración mellada e irregular, y, en ciertos casos, los picos se han desgastado y redondeado, y los valles están llenos de tierra fértil. Los atolones tienen orígen diferente. Se trata de islas antiguas en las que se depositó gran cantidad de lava, cuyo peso, con el tiempo, hundió la corteza terrestre en las profundidades del mar. Pero, mientras la parte del centro se hundía, los arrecifes de coral circundantes se elevaban.
El coral consiste en millones de diminutos animales, cuyos esqueletos crean capas calizas la que proporciona al arrecife aspecto y tacto de roca. Los pólipos, o sea, los seres que forman el coral, necesitan oxígeno y luz para existir. Por lo tanto, cuando la tierra se hunde, crecen hacia lo alto en busca de ellos. En suma, no queda de la isla mas que una laguna (lago de agua marina) rodeada de coral.
Las islas continentales tienen suelos y rocas variables, lo cual implica que cabe la posibilidad de que contengan minerales, tales como oro y petróleo. La vegetación es rica y variada, sobre todo en lo que se refiere en bosques.
Informacion: Enciclopedia Grolier
Imagen: flickr
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