Con solo cruzar esos poco más de 10 kilómetros que separan el continente de la isla, el viajero arriba a un paraíso natural. Allí, donde gran variedad de especies de animales y plantas se desarrollan libremente gracias a no verse afectados por predadores y enfermedades. Esa es la isla Kangaroo o Canguro, una suerte de reserva natural de playas doradas, aguas cristalinas, hermosos paisajes y mucha vida silvestre. (Si estáis acostumbrados a los hoteles en la costa del sol, esto os parecería increible)

El archipiélago alberga, nada más y nada menos, que 21 Parques y Reservas naturales que abarcan un tercio de la superficie total del lugar, donde el viajero podrá observar en su ambiente a koalas, ornitorrincos, mapaches, zarigüeyas, canguros, equidnas, tamaraos, wallabies y goannas, además de animales marinos tales como leones marinos, delfines, ballenas y pingüinos. Claro que quien desee visitar estos sitios protegidos, sólo necesitará el Island Pass, un pase emitido por el Servicio de Parques Nacional y Vida Silvestre, para de esta manera poder recorrerlos todos y con acceso libre.

La estadía en la isla parece una fábula… tranquilas bahías donde nadar, hermosos caseríos, altos pastizales donde es común ver saltar a las manadas de canguros, altos y añosos eucaliptos que albergan a los koalas, estanques donde pueden observarse ornitorrincos y playas donde, dependiendo de la época, los mamíferos marinos descansarán al sol.

Playas y acantilados. Lagunas y arroyos. Bosques y praderas. Todo eso y mucho más, puede verse al pasear por los asfaltados 1600 kilómetros de caminos que presenta la isla entre los principales poblados: Penneshaw, American River, Kingscote, Parndana y Flinders Chase. Definitivamente, la experiencia en la Isla Kangaroo es una fábula, cuya moraleja no es otra que disfrutar de la naturaleza, pero cuidándola.