Coober Pedy es el nombre de ese sitio que, a simple vista, es un pueblo minero más. Excavaciones, maquinaria, polvo rojizo y un paisaje desértico son las características del lugar ubicado 850 kilómetros al norte de Adelaida o 690 kilómetros al sur de Alice Springs, en Australia. Claro que esas son las características de la superficie, muy distintas a lo que encontrarás si investigas lo que hay debajo del suelo… hoteles, iglesias, restaurantes, comercios, casas de familia y galerías de arte. Es que el 50 por ciento de los habitantes del lugar vive en casas excavadas debajo de la tierra, que los locales llaman dugouts. No por nada Coober Pedy es tan sólo un anglicismo del nombre indígena Kupa Piti que significa hombre blanco en un agujero.

Esto nació luego de que, en 1915, se hallara un inmenso ópalo, lo que desató la Fiebre del Ópalo que convirtió a esta parte del desierto en un lugar plagado de agujeros y túneles hechos porquienes buscaban esa bella piedra. Más tarde llegaron al lugar inmigrantes yugoslavos y serbios que se instalaron a vivir bajo tierra y construyeron la primera Iglesia Serbia subterránea con paredes de tierra comprimida.

El clima tórrido, tan difícil de soportar hace que valga la pena entrar a estas casas de paredes de tierra compacta para entender por qué todos siguen habitando este sitio fresco y protegido del sol abrasador. En esas construcciones no falta ningún elemento de confort y la luz eléctrica está encendida todo el día. El Desert Cave Hotel, el único hotel bajo tierra del mundo, que tiene gimnasio, sauna, restaurante italiano, bodega, negocios de souvenirs y taller de talla de ópalos. El sitio es de excelente nivel y buen gusto, con un precio de 112 euros la habitación. Organiza, además, excursiones por los alrededores, una de ellas para excavar en las minas en busca de tu propio ópalo. Una comida en el exclusivo hotel tiene un valor de entre 15 y 26 euros.

Otros sitios que no debéis dejar de visitar son los paisajes lunares de Painted Desert y Breakaways y el sector del Outback, que cuenta con los ranchos ganaderos más grandes del mundo. O realizar recorridos por la zona acompañando al cartero en cada parada, algo que siempre incluye té helado o un trago de ron, invitación del dueño de casa.